Nacimiento

Dmitri Prieto Samsónov

 Un hombre sale de una tumba al filo del mar, sobre cuya cruz está puesta una tablilla con las fechas de su nacimiento y muerte, pero en orden invertido.

 El sujeto se arrastra, desnudo, hacia el mar. El agua espacial, eterna, testigo masiva de épocas -que siempre estuvo ahí desde el surgimiento de la vida en este tercer planeta- le espera, acogedora, mientras la marea va subiendo, despacito.

 El hombre se va desvistiendo de la tierra, de la arena, de lo terreno y mineral, mientras cubre su desnudez con un pantalón negro, que le trae de vuelta a eso que llamamos civilización.

 Se levanta y mira desde el mar hacia la costa.

 Es de mañana y 2019. Una era con la que quizás nunca nos atrevimos a soñar, y que pica, aguijonea y lastra.

 Pica, aguijonea y lastra las consciencias de quienes hasta ese día fuimos nosotros. 

 El antropólogo Joel James (en mi modesta opinión, el mayor representante cubano de esta ciencia en el último medio siglo) construyó un concepto de cultura a partir de la noción universal de muerte, como “esfuerzo humano por trascender más allá de la muerte”. Como en muchas elegantes conceptualizaciones, teorías e hipótesis de origen, propuestas por la Antropología cultural en su historia última, aquí se dice claramente “qué”, pero no explica “cómo”. Sería ardua tarea para el etnógrafo descubrir, describir y deducir ese “cómo” para cada “qué”, en caso de las culturas concretas, como –en este caso- las estudiadas espléndidamente en Cuba por Joel James.

 El ingeniero y teólogo ruso padre Pável Florenski, en su magistral ensayo “Iconostasio”, dedicado a explicar el sentido radical de la imaginería sagrada dentro del Camino tradicional de Cristo, vierte una opinión filosófica personal (también con base en el estudio cuidadoso de experiencias culturales) sobre causas que actúan desde el futuro. Un hecho futuro, así, puede actuar como causa sobre el presente. Un entrañable amigo santacruceño me contaba cómo en un sueño las neuronas de su cerebro viajaron hacia el futuro, previéndole, alertándole de una inminente catástrofe, cuando el ave de tela y aluminio que piloteaba se proyectara violentamente contra la montaña emergida del mar en el Cenozoico temprano que contornea por el sur nuestro marítimo pueblo. A causa de su testimonio, tengo mis razones para creerle a Florenski.

 La muerte, así, la muerte de cada quien, esa que Francisco el de Asís llamó hermana nuestra, puede entonces desde ese futuro impensable de cada quien, hablarnos. O puede también callar. Y acallarnos. Es quizás ese uno de los senderos de constitución cultural referido por James, pero visto desde la siembra de cada ser humano personal, en específico.

 Es algo que la civilización (post)moderna nos quiere hacer olvidar, y así se castra a sí misma en su potencial de creación radical de nuevos imaginarios culturales. Porque nos desconecta de la causa genesíaca que une el trayecto de nuestro nacimiento a la vida biológica con el punto en que nace la raíz de todo ser cultural: la muerte misma de [lo biológico de] cada quien, la muerte que hay que trascender pero quizás también amistar.

 No es fortuito que la mandorla en los iconos ortodoxos de la Resurrección nos recuerde, por su forma, el nacimiento desde los marcos del plano de lo material, en las entrañas de este planeta Tierra que habitamos.

 Entones, vemos en Boca de Canasí cómo un hombre nace. Cómo nace del paisaje histórico, y también natural, labrado en arena, tierra y mangle por el mar territorial. Cómo nace al filo mismo entre esa tierra y ese mar, en esa suerte de remanente talasocrático marginalizado, en la Isla que se abre al mar, ese mar andable para humanos, representado en el sitio por unos botecitos de pescadores.

 Al revés de lo que Oken, temprano evolucionista alemán y discípulo del gran filósofo Schelling –el primero que en la modernidad de brindó respeto e importancia a lo mitológico-, vislumbraba como antropogénesis de embriones humanos flotantes dentro de sus cápsulas vitales en la acogedora suma de mar y lodo costal, acá el nacimiento viene de tierra al mar, y bajo una cronología invertida, suplanta a la muerte en el tiempo calendárico que habitamos.

 Paisaje histórico es la manera de imaginar y sensibilizarnos con los restos de la historia que se asientan en la profundidad temporal de la geografía cubana, que guarda sus accidentes, entre los cuales andamos y nos formamos en la fe de cada cual. Accidentes geográficos que pueden ser tragedias, adioses, y dichas.

 Ese es el paisaje histórico que vimos literalmente parir a un hombre.

 El hombre era y fue parte del paisaje histórico, y lo vimos nacer de él.

 No es un paisaje oceánico y universalmente pensante, como en Solaris, sino insular y productor de causas culturales en cada mente singular.

 En mis andanzas etnográficas buscando paisajes de libertad en las dos islas mayores de la República de Cuba, esto –la performance- la vi como una rara experiencia de una liberación.

 Mientras, nos alejábamos, y quedaba inscrita en el paisaje de arena, marea y flujos fluviales una tumba, pero abandonada y vacía del cadáver.

 Sepultura causa de libertades personales desde la futuridad.

 Como la de Cristo.

_____________________________________________________________________________

 Dmitri Prieto Samsónov. Moscú (URSS), 19 de diciembre de 1972. Ciudadano cubano, residente en Santa Cruz del Norte (Mayabeque, Cuba) desde 1986. Investigador, Antropólogo y Ensayista de destacada trayectoria. Conferencista y Profesor de pregrado y postgrado en Antropología Social y Cultural, Instituto Cubano de Antropología, La Habana. Varias de sus obras e investigaciones han sido publicadas en Cuba, Argentina, México, Gran Bretaña, Rusia, Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, etc. Entre sus publicaciones más notorias destaca: Transdominación en Haití (1791-1826). Una mirada libertaria a la primera revolución social victoriosa en las Américas, la cual obtuvo el Premio Pinos Nuevos por el Ministerio de Cultura MINCULT (La Habana 2010). Licenciado en Bioquímica (Universidad de La Habana, Facultad de Biología, 1994). Licenciado en Derecho (Universidad de La Habana, Facultad de Educación a Distancia, 2000). Logista en Ayuda Humanitaria y Cooperación Internacional (La Habana, 2003), Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT). Máster en Antropología, Derecho y Sociedad (London School of Economics and Political Science, Londres, 2008). Desde 2017, es estudiante del programa de doctorado en Antropología Social de University College London (Londres, Gran Bretaña).

Miembro fundador de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de Provincia Habana (2001-2008). Miembro fundador (2001) de la Cátedra de Complejidad de La Habana (actualmente adscrita a la Sociedad de Psicología de Cuba, y al Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas en La Habana). Miembro fundador e investigador del Grupo Internacional de Trabajo AC&SE del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Miembro de la Sociedad Cubana de Psicología y de la Sociedad Cubana de Lingüística en su Grupo de Especialistas en Lengua Rusa. Investigador asociado y miembro del Proyecto I+D+i ARTE-Comunidad (Para el desarrollo de la Educación de la visualidad del adulto mayor) Facultad de Ciencias Pedagógicas, UNAH Fructuoso Rodríguez Pérez, Mayabeque, Cuba.

© ARTE-Comunidad 2019

ARTE-Comunidad en Santa Cruz del Norte

 

En el mes de Junio de 2019 el Proyecto de Innovación, Desarrollo e Investigación (I+D+i) ARTE-Comunidad (Para el desarrollo de la Educación de la visualidad del adulto mayor), perteneciente a la Facultad de Ciencias Pedagógicas de la UNAH Fructuoso Rodríguez en Mayabeque, realizó su curso de continuidad ARTE-Comunidad en las Filiales universitarias del adulto mayor del municipio Santa Cruz del Norte. Durante la jornada, el Proyecto, en representación de los investigadores y performes MSc. Yadán y Yadián Hernández Ojeda (quien suscribe), el artista visual y maestro de generaciones Delnerio Ancheta Niebla y el escritor, investigador y antropólogo Dmitri Prieto Samsónov, con el acompañamiento de los profesores de la CUAM del territorio asumieron 3 encuentros esenciales. El primer Taller se realizó el martes 4 de junio en el poblado de Hershey, con el acompañamiento de 17 adultos mayores pertenecientes a la FUAM del Consejo Popular  y 15 pioneros de tercer grado de la escuela primaria local, los cuales fueron protagonistas de la acción artística de carácter lúdico La Telaraña.

La segunda experiencia de ARTE-Comunidad en el litoral santacruceño ocurrió el miércoles 12 de junio en horas de la mañana en la Playita Rosada de la Zona de Desarrollo de Santa Cruz, contando con la participación de 16 adultos mayores de la FUAM del municipio cabecera, los cuales fueron participes de la acción performática El Hombre y el Mar, del performer Delnerio Ancheta Niebla, la cual reflexionó en la relación HOMBRE-MAR a partir de los presupuestos del Land art.

La tercera inserción de ARTE-Comunidad tuvo lugar el martes 18 en horas de la mañana en el caserío conocido como La Boca de Canasí, donde se ubica la desembocadura del Río y el Abra de Canasí. Para la ocasión, y como una segunda versión de lo que se había hecho en La Playita Rosada, participaron 12 adultos mayores de la FUAM de la localidad en conjunto al antropólogo Dmitri P. Samsónov, los profesores de la Universidad y el artista visual Delnerio Ancheta, quien en calidad de performer representó la acción artística Nacimiento, reflexionando en el carácter existencial del ser humano y el nacimiento como génesis de la vida visto desde una retrospectiva en la muerte.

El Proyecto agradece al Telecentro Telemar por su cobertura a las acciones del Proyecto, a los coordinadores de la CUAM y a la dirección del Centro universitario municipal de Santa Cruz del Norte, a los representantes de los Consejos Populares por su acompañamiento y a los cursantes de la Filial universitaria del adulto mayor que llegaron a ser como siempre; los principales protagonistas.

MSc. Yadián H.dez Ojeda

Coordinador de Proyecto ARTE-Comunidad